Recientemente habrá llamado quizá la atención del querido lector el hecho de que el Santo Padre Francisco haya utilizado dos anillos distintos en las celebraciones y apariciones públicas de los últimos días. Uno de ellos es el dorado que recibió en la Misa de inauguración de pontificado, otro uno de plata, muy sencillo, que parece que ya había usado como cardenal. Como de sigilografía y heráldica eclesiástica este blog tiene un buen asesor en nuestro querido amigo Jesús Miguel González Alonso. A él le pregunté al respecto, y me responde lo que abajo copio, que aclara que la práctica que está siguiendo nuestro flamante papa es de todo punto razonable.
Lo hemos visto en películas o leído en
innumerables relatos: un imponente cardenal Camarlengo, de ademanes refinados
que rezuman poder, se inclina sobre el cadáver del Papa y retira de su dedo el
mítico Anillo del Pescador, guardándolo acto seguido en una bolsa de terciopelo
para su posterior destrucción...

Espero que nadie se sienta traicionado si
digo que tal escena jamás ha tenido lugar. Generaciones de novelistas mal
informados y de periodistas copiándose unos a otros han hecho familiar a
católicos y no católicos lo que nunca sucedió en la realidad. Los cambios
introducidos en las últimas décadas en las insignias papales han contribuido a
embrollar una historia ya de por sí bastante entretenida.
El Anillo del Pescador es un sello. Los
Papas, desde la antigüedad, han sellado su correspondencia oficial y privada:
Así, se conserva el anillo de Deodato I, que reinó del 615 al 618, con la
imagen del Buen Pastor y el Alfa y la Omega tallados en una piedra de escaso
valor. Pero en algún momento, acaso en el S. XIII, junto al sello con las armas
heráldicas del papa o el usado para las bulas, aparece un anillo con la efigie
de San Pedro echando las redes desde una barca, que se estampa en el sello de
la correspondencia privada del Papa: “No te escribo bajo el
sello de nuestra familia, sino bajo el Anillo del Pescador, que los Romanos
Pontífices usan en su correspondencia privada”, le escribe Clemente IV (1265-1268) a
un pariente suyo en lo que es la más antigua mención del anillo piscatorio que
se conserva. Su
aspecto era por lo general ovalado, con la imagen descrita rodeada del nombre
del Papa reinante y, en su lado interno, el nombre del Prelado Mayordomo de Su
Santidad, el del joyero del palacio Apostólico y el del grabador del anillo. Con Martín V (1417-1431) está acreditado que
su uso se extiende a los breves papales dirigidos a cardenales y obispos. Con
el tiempo su empleo en la documentación papal ha ido variando.

Pero el Papa nunca llevó este anillo en el
dedo: lo custodiaba el Maestro de Cámara. A partir de León X (1513-1531) se
inició la práctica de destruirlo a la muerte del Pontífice, junto con los demás
sellos de su Cancillería. De rodillas, tras haber consignado el deceso, un
Notario de la Cámara recibía del Monseñor Maestro de Cámara el anillo
piscatorio, entregándolo de inmediato al Cardenal Camarlengo.
El Papa, como cualquier obispo, usaba a
diario un anillo de diseño y riqueza muy variables. Juan XXIII tenía en su
dormitorio una copa que contenía varios, entre los cuales elegía cada mañana el
que iba a usar aquel día. Exactamente como puede hacer cualquier obispo. Y
también, como cualquier obispo a la hora de oficiar de Pontifical, usaba, a excepción del Viernes Santo, un
tercer anillo, éste con un resorte que permitía ajustarlo firmemente al dedo en
el curso de la Misa, tanto con los guantes litúrgicos como sin ellos.
Hasta donde podemos saber, parece que el
anillo piscatorio ha dejado de romperse desde la muerte de Juan XXIII. La razón
más probable es que en los siguientes pontificados haya caído en desuso,
substituido por una simple estampilla con la imagen del Pescador. Sin embargo,
desde la entronización de Benedicto XVI aparentemente ha hecho su reaparición
en el dedo del Santo Padre, como una de las insignias que recibe al comienzo de
su pontificado. Pero este anillo no es el antiguo anillo piscatorio, es una
novedad. Es un anillo papal común, de esos que llamamos "de diario",
sólo que diseñado como el antiguo Anillo del Pescador. No es un sello ni se
puede usar como tal: ni la imagen ni el nombre del Papa aparecen en negativo.
Parece que tras haber despojado a la figura del Papa de las insignias y
ornamentos que la caracterizaban (tiara, fanón, subcintorio...) hasta darle la
apariencia de un simple arzobispo, alguien ideó este nuevo anillo papal como
algo de uso exclusivo del Romano Pontífice. Anillo que, a diferencia por
supuesto de los sellos y estampillas, no tiene ningún sentido destruir o
inutilizar en ningún momento.

Jesús Miguel González Alonso